Entrevista en exclusiva a A.M. Vozmediano
Alba Castro y David Castellote
El autor de la trilogía Kepler-22b, fenómeno superventas en Amazon, contesta amablemente a nuestras preguntas en una entrevista concedida en exclusiva. A.M. Vozmediano nos habla de sus inicios como escritor y del proceso de creación de sus exitosas novelas de ciencia ficción, así como de este género literario que atrae a un mayor número de lectores cada vez.
¿A qué edad empezaste a escribir?
No lo recuerdo, la verdad. No diré que siempre tuve claro que quería escribir, que es algo que queda muy bien en una entrevista pero que, en mi caso, no es cierto. Pero sí que he estado inventando historias desde siempre, incluso antes de pensar conscientemente que me podría dedicar a escribir. Tengo por ahí guardados un montón de cómics escritos y dibujados por mí cuando tenía seis o siete años. Y tenía doce años cuando gané mi primer premio en un concurso literario. De eso sí estoy seguro porque aún conservo la carta en la que me comunican la noticia. ¡Una carta en papel, que entonces no teníamos email ni sabíamos lo que era internet!

Cuando empecé la Univesidad estuve sin escribir mucho tiempo, o escribiendo a intervalos muy irregulares, hasta que volví a retomarlo alrededor del año 2010. Por esas fechas escribí mi primera novela. Es tan mala que jamás la publicaré, pero fue un entrenamiento estupendo para lo que vino más tarde.
¿Cuándo descubriste que tenías un don para la escritura?
Tampoco estoy muy seguro. Ni siquiera estoy seguro de poseer ese «don», o incluso de que ese don exista.
Un aforismo que se suele atribuir a Richard North Patterson, un escritor norteamericano no muy conocido en España, dice: «La escritura no es producto de la magia, sino de la perseverancia». Es decir, que escribir es un trabajo, como cualquier otro, que se aprende con tiempo y paciencia. Uno lo va haciendo mejor cuanto más lo practica, exactamente igual que con cualquier otro oficio.
Es verdad que hay gente que tiene una facilidad que parece innata para usar las palabras o para contar historias de manera que resulten más interesantes, como hay gente que tiene una facilidad innata para el dibujo o para las matemáticas. Pero esas habilidades no se desarrollan si no se usan. Hay que cultivarlas para que prosperen. Hay personas que experimentan un verdadero placer en el hecho de usar las palabras como si fueran los pinceles de un acuarelista y de crear mundos ficticios con ellas, y eso hace que esas personas practiquen más y que con el tiempo se vuelvan aún mejores en esas habilidades. Y, entonces, decimos que tienen un «don».
¿Recuerdas el primer libro que leíste? ¿Y la primera historia que escribiste?
Uy, eso sí que es difícil. No recuerdo el primer libro que leí, pero sí muchos que leí siendo muy joven y que me gustaron tanto que aún los recuerdo. Por ejemplo, los libros de Sebastià Sorribas, Carmen Kurtz o Joan Manuel Gisbert de la biblioteca del colegio («El zoo de Pitus», «Óscar cosmonauta», «El misterio de la isla de Tökland»). Pero los primeros libros que realmente me impactaron fueron «La historia interminable» de Michael Ende y «La larga marcha» de Stephen King. Cuando los leí, a los once o doce años, me quedé en estado de shock durante mucho tiempo.

Tampoco recuerdo la primera historia que escribí. Como os he comentado antes, una de las historias más antiguas que conservo fue la que ganó aquel primer concurso literario cuando tenía 12 años. Se titulaba «El mundo de Grom» y era un relato sobre un chico que, un día, sueña que se cae en un agujero pero, al llegar abajo, en lugar de despertarse, continúa soñando y le empiezan a pasar cosas muy raras.
¿Cómo empezaste a publicar libros?
Los primeros libros que me publicaron eran antologías que reunían relatos más o menos breves de otros autores además de los míos. Así estuve un tiempo, hasta que oí hablar de la autopublicación y un día quise probar cómo funcionaba. Anduve un tiempo aprendiendo los entresijos de ese mundillo y, cuando me pareció que estaba lo bastante maduro, cogí un relato mío que había escrito hacía tiempo titulado «Cuatro caminos», lo corregí, lo maqueté, encargué una portada y lo autopubliqué. Eso fue en el año 2016 o 2017. No lo compró prácticamente nadie, pero a mí me sirvió para aprender todo el proceso.
De momento no me planteo publicar con una editorial tradicional, porque con la autopublicación me va muy bien, aunque tampoco lo descarto en el futuro.
¿Quién crees que lee tus libros? ¿A qué público te diriges?
Escribo dos tipos de libros, de ficción y de no ficción. Los de no ficción son manuales sobre programación de ordenadores y están destinados a estudiantes de informática o personas autodidactas que desean aprender programación por su cuenta.
Supongo que el público al que le gustan mis libros es el mismo al que le gusta Stranger Things, por poner un ejemplo.
Los libros de ficción son otra historia. Ahí tengo un»público objetivo», como lo llaman los expertos en marketing, formado por personas de mediana edad aficionadas a la ciencia ficción, la astronomía y las ciencias en general. Pero he descubierto que hay una franja de lectores mucho más jóvenes a los que les gusta el género de aventuras, no necesariamente la ciencia ficción, que también leen y recomiendan mis libros.
Supongo que el público al que le gustan mis libros es el mismo al que le gusta Stranger Things, por poner un ejemplo: los cuarentones que se criaron en los 80 con las películas de Steven Spielberg y los hijos de esos cuarentones que se han criado en el siglo XXI con las películas de Marvel.
¿Estudias o te documentas especialmente para escribir tu obra o solo sale de tu imaginación?
La historia surge de la imaginación (que siempre está influenciada por un millón de historias previas) pero, una vez que te remangas y te pones a trabajar, es necesario documentarse, desde luego.

En las historias ambientadas en el futuro o en mundos fantásticos puedes inventarte gran parte de los detalles, aunque deben tener consistencia interna para que tu universo imaginario tenga sentido. Además, si la historia es de ciencia ficción y quieres que resulte razonablemente verosímil, tienes que usar los términos técnicos adecuados y, en la medida de lo posible, no proponer nada que vaya contra nuestro conocimiento científico actual. Y para eso está el proceso de documentación, claro.
Por ejemplo, para la trilogía de Kepler-22b tuve que leer mucho sobre asuntos tan dispares como colonias espaciales, agujeros de gusano, nanomateriales o historia de las religiones. Leer publicaciones creíbles, no chorradas publicadas en Facebook. Luego coges todo eso y haces un batiburrillo (y te inventas unas cuantas cosas si le hacen falta a tu novela).
¿Crees que algún día llegaremos a esos mundos lejanos que nos describes?
Ojalá. Eso significaría que nuestra civilización no se ha autodestruido. Si conseguimos sobrevivir a nuestra infancia tecnológica, que es el estadio en el que estamos ahora mismo, estoy seguro de que así será. Nuestra especie es curiosa por naturaleza. El mismo impulso que nos llevó a salir de la sabana africana o a lanzarnos a cruzar el mar sin saber muy bien qué habría al otro lado, nos llevará a otros sistemas solares.
El mismo impulso que nos llevó a salir de la sabana africana o a lanzarnos a cruzar el mar sin saber muy bien qué habría al otro lado, nos llevará a otros sistemas solares.
Para eso tendremos que superar muchos obstáculos. Los planetas extrasolares están muy lejos. Pero lejos de verdad. Nuestro cerebro tiene verdaderos problemas para comprender las dimensiones del cosmos. Incluso los otros planetas del Sistema Solar están tan lejos que da vértigo plantearse un viaje tripulado hasta ellos. Proxima Centauri, la estrella más cercana al Sol, está tan lejos que la luz tarda más de 4 años en recorrer la distancia que nos separa de ella. Una expedición tripulada que pretendiera llegar a su sistema planetario a una velocidad razonable necesitaría décadas para conseguirlo. ¡Y solo es la estrella más cercana al Sol!
¿Cuándo dispondremos de la tecnología necesaria para emprender esos viajes? No lo sabemos, pero la ciencia ficción ha imaginado muchas veces cómo podría hacerse: mediante animación suspendida, de manera que los tripulantes pueden viajar dormidos durante décadas o siglos (¡o milenios!) hasta llegar a su destino; cruzando agujeros de gusano, unos pliegues del espacio-tiempo que conectarían diferentes regiones del universo y que, aunque no contradicen la teoría general de la relatividad, nadie ha podido observar hasta ahora (y, por tanto, no sabemos si existen); construyendo enormes naves estelares que sean en realidad planetas en miniatura, donde varias generaciones de humanos puedan nacer, vivir y morir durante el viaje para que los descendientes remotos lleguen por fin al planeta de destino…
Lógicamente, no sé cuándo ni cómo ocurrirá todo esto, pero estoy seguro de que es algo inevitable si logramos sobrevivir a nosotros mismos el tiempo suficiente.
¿Te gusta la ciencia ficción en libros o también en películas?

¡Me encantan las películas de ciencia ficción! Bueno, y el cine en general. También los cómics, aunque últimamente los tengo un poco abandonados. Entre mis películas preferidas de todos los tiempos hay muchas de ciencia ficción, algunas clásicas como Blade Runner o Alien y otras más recientes como Gravity o Interstellar.
Me fascina cualquier medio mediante el cual otras personas puedan contarme una historia. Creo que a todos los seres humanos les gusta que les cuenten historias. Ya lo hacíamos hace miles de años, cuando nos reuníamos alrededor de una hoguera y alguien recordaba aquella vez tan emocionante en la que un león había atacado el campamento. Las novelas, las películas o los cómics solo son formas más elaboradas de contarnos unos a otros lo que sucedió cuando el león atacó el campamento. En ese sentido, probablemente el cine (y su hermana melliza, la televisión) sean los medios con más riqueza expresiva que hemos inventado (de momento).
¿Cuando escribes un libro te basas en el título o le incorporas el título basándote en la historia?
Buscar el título para un libro es un asunto curioso. A veces sale solo, casi desde el principio, como algo inevitable. De algún modo, intuyes que el título tiene que ser ese y ningún otro. Eso me ocurrió con Kepler-22b o con Arcadia. Pero, otras veces, no hay manera de dar con él incluso después de acabar de escribir toda la historia, de hacer las revisiones y de tener el libro maquetado y listo para entrar a la imprenta.
Para esas situaciones, como para casi todo, existen algunos trucos. Por ejemplo, a mí me funciona bien releer algún pasaje especialmente importante del libro con la atención puesta en localizar alguna frase o alguna palabra que pueda funcionar como título. Muchas veces, cuando el título no surge de forma inmediata, rebuscando en esos pasajes encuentras un buen título o, por lo menos, un título aceptable. Son pequeños trucos que se van aprendiendo con el tiempo y el oficio.
Enlace a la página web del autor: https://amvozmediano.blogspot.com/
